CIUDAD, TRANVÍA Y MOVILIDAD

En Barcelona, la conexión del tranvía por la Avenida Diagonal está levantado bastante polémica, como además era de esperar. Desde mi punto de vista se está centrando mucho el debate sobre los aspectos técnicos del tranvía y noto a faltar una perspectiva de planificación estratégica de ciudad y de que movilidad queremos para los próximos años.

No se trata de tener un modelo de movilidad ideológico y solo dominado por la bicicleta como elemento de transporte sino tener una visión más amplia de la realidad social, estructural y de crecimiento sostenible del entorno urbano.

Si miramos con perspectiva histórica esta avenida de Barcelona, que con más de 11 kilómetros nació en el año 1884, cuando el proyecto de Idelfonso Cerdà, desarrollo el ensanche de la ciudad de Barcelona. La Diagonal identifica claramente el ensanche o “eixample” de la ciudad, como nos recuerda el periodista y cronista de la ciudad Lluis Permanyer,[1]

“El diseño de la Diagonal no se trataba de un recurso estilístico, sino el exponente de un concepto de ciudad y comunicación”.

En el proyecto de Cerdà, existía una tipología de calles para circular como era el pasaje, la calle y la vía transversal, en este caso la Diagonal, cuya misión era unir los núcleos urbanos alejados. Por lo tanto nos hemos de situar en aquellos años del siglo XIX, donde la relación velocidad de desplazamiento y tiempo eran factores que marcaban las distancias de forma considerable.

Actualmente estos principios han cambiado, pero el tranvía por la Diagonal nos debe llevar a un planteamiento más estratégico de lo que es la ciudad y su modelo de movilidad en los próximos años. El tranvía no puede quedar solo como una obra aislada, con más o menos acierto y olvidando su afectación a la movilidad de los ciudadanos de Barcelona.

Tampoco los gestores de la ciudad deben olvidar la movilidad de los miles de usuarios diarios que deben utilizar las vías de comunicación que la ciudad tiene con su área metropolitana.

Una vez plateadas la discusión técnica de si es mejor un metro, el tranvía o autobuses, no podemos perder de vista que las ciudades son una estructura con habitantes, con personas que son su capital humano y que se debe satisfacer sus necesidades sin perder de vista una movilidad sostenible.

La circulación por la Diagonal de un tranvía, no debe ser un fin en sí mismo, sino la base de un claro cambio cultural y de criterios sobre el uso del espacio público, la movilidad centrada solo en el coche se verá reemplazada, por una movilidad combinada, con una clara tendencia a sacar de las calles los vehículos a motor, donde el peatón y la bicicleta deben tener sus espacio, que no se pueden interferir generalmente por cuestiones de seguridad y convivencia.

La continua potenciación del transporte público, con sus diferentes variedades debe ser otro de los objetivos a conseguir. No se puede solicitar la renuncia a la movilidad sin ofrecer alternativas a los ciudadanos.

Sin olvidar que las tecnologías aplicadas  a la movilidad y su uso por las personas están iniciando un cambio de usos y costumbre que en los próximos años se continuaran potenciando y extendiendo su utilidad.

El gran reto es que la movilidad de las personas no se puede centrar en solo potenciar un solo modo de movilidad, la electrificación de los nuevos vehículos, tanto coches como motos, las tecnologías de comunicación entre usuarios y vehículos, el uso de transporte individual de forma compartida y la cada vez mayor concentración de personas en las ciudades son retos que se deben resolver con una planificación estratégica, realista con análisis transversales y sin imposiciones ideológicas.

La movilidad debe ser sostenible pero tan rica y plural como lo son los ciudadanos.

www.peronamovilidad.com

[1] (http://www.bcn.cat/publicacions/catala/bmm/ebmm56/bmm56_32.htm)